viernes, 14 de julio de 2017

debate sobre el estado de la nación

La información hoy es libre, gratuita y certera, en "la red"... puedes acceder a todo... a todo lo que te engañen quienes siguen engordando sus lorzas de dólar, €, yen o vayá usté a saber qué mierda de papel moneda o papel plata, que todo vale, sí, no se crean, los ricos también utilizan Albal, aunque no sea, en su caso, para envolver el chopped a punto de caducidad de la merienda de su hijo, tal vez su única y mejor comida, más si tienen la suerte de, por estar desempleados, compartirla con él porque no pueden dejarlo al cargo de una inmigrante sin papeles ni alta en la seguridad social que se gana unos dinerillos cuidando retoños ajenos mientras los propios esperan la expropiación impropia del fin de mes de a diario que intenta solventar el cabeza de familia, tan marroquí él, tan islámico, tan de trabajar de sol a sol, también sin papeles, para recluir a su esposa en las cuatro paredes de la dictadura integrista... en fin, basura con la que sólo pretendía ilustrar esta foto con que ilustro la página, tomada antes del homenaje que se celebró en honor a un tal Miguel Ángel Blanco, asesinado por ETA, tiempo ha, militante del mismo partido cuyos gobernantes vemos en la instantánea bailar, con felicidad y desenfado, marca España, ante tamaña celebración de dolor... momentos antes, ya digo, del citado homenaje en que el público abucheó a Raimon por cantar en catalán, y a José Sacristán, por comunista, y sobre el que prefiero no extenderme... sólo decir que la foto, inexplicablemente, ha desaparecido de la noticia que ilustraba el momento, en ese periódico que tanto hace hoy por mantenernos informados y no perder la huella del pasado... salvo si el pasado, como el presente, hiede, apesta, Channel nº 5 con aromas de cloaca...

Aznar, Botella, y otros cuantos honorables "ciudadanos" celebrando el previo al homenaje por la muerte de Miguel Ángel Blanco, 10-09-1997, cortesía de "la red"

... afortunadamente, queda la voz de los poetas... esos bichos raros que se declaran en huelga de agasajos y que viven día a día con la única esperanza de contemplar el venidero... 

... afortunadamente, en este maldito terruño, queda la voz de Javier Vayá... y dice así:

"No habrá en ninguna sede del PP pancartas con fotos gigantes del hombre de 54 años muerto por trabajar a una sensación térmica de 180 grados. Como no la hubo por la anciana muerta por incendiarse la vela con la que alumbraba famelicamente el impago y la miseria. Ni por quienes se lanzaron por la ventana ante el desahucio, ni el mes pasado que hizo veinte años de la ruin masacre en Hipercor.
No, no habrá homenaje alguno, más allá de dos hierros formando una cruz y unas exiguas flores en el lugar al que sus compañeros tienen que volver inmediatamente al tajo. No hay tiempo para llorar, la vida, el curro siguen. Porque los medios, esas ratas aullando la voz de su amo, ya han dicho que es una víctima de la ola de calor. Como dicen que las mujeres ASESINADAS por hombres son "halladas muertas" o "víctimas de la violencia de género". Porque el terrorismo de estado es una quimera, porque la violencia la ejercen los antisistema, nunca el sistema capitalista. Porque decir que los recortes matan te puede costar una querella, aunque lo sepa todo el mundo, aunque lo sepan perfectamente los votantes del PP cómplices. Porque hay que beber mucha agua, poner denuncias, no enseñar las tetas, aplaudir al rey, no viajar a Venezuela, leer a Mónica Carrillo y Belén Esteban.
Perdón. Escribo esto desde la más absoluta rabia, desde el más profundo asco. Los veo dándose golpes en el pecho, hablando de dignidad y víctimas mientras se mean en las cunetas. Recuerdo a Pilar Manjón y los insultos y amenazas de muerte desde propios miembros de asociaciones de víctimas del terrorismo (si no me equivoco públicas y jamás alcanzadas por la mordaza). Los veo robando y negando y tú más y se me revuelven las tripas. Perdón. Tal vez como siempre esto solo sea rabia y demagogia.
Yo que he estado arrastrando un carro de propaganda por pueblos de cuestas empinadas a 40 grados 12 horas por menos de 700 euros solo les pediría una cosa. Ahora que la recuperación económica es maravillosa, cuando vean a esa chica con un peto de una ONG en la calle, a ese repartidor de propaganda, a ese operario o vendedora al sol, sean amables. Ofrezcanles una sonrisa, una palabra de ánimo o incluso un vaso de agua. También les pediría que a los artífices de todos estos crímenes, a los de la dignidad corrupta, ni agua. Pero, claro, eso quizá sea mucho pedir."

Lástima que a Javier a mí, comprendo ahora, nos sobraron las palabras... ¿o tal vez sea que falten buenos entendedores? A Javier y a mí, creo, nos sobró rabia y demagogia... o El asco indecible, que dijese Miguel Sánchez-Ostiz, ese otro poeta

viernes, 30 de junio de 2017

poemas de la cicatriz (4)


a Sergio Ribero, que mastica el sabor del amor negro


asomado
al escándalo
de espumas y matiz
de tus pupilas

desmembrado
nuestro celofán de futuro
por la anatomía errónea
de una ola
que moldea la bajamar
de tu vientre

...y en mi lengua,
intacta,
tu salobre
despedida 





martes, 18 de abril de 2017

descendiendo a la piel

Cantaba por ahí, en otro tiempo en otro lugar (José Ignacio Lapido, poeta, dixit), un Enrique Bunbury que anhelaba restañar viejas heridas, algo así como 

entre una cosa y otra
la vida parece tan hermosa,
pero en cambio y al final
superficial como la piel

pura antinomia, o sea... porque nada más profundo que la piel cuando es esta la que recibe los latigazos y elucubra los escalofríos. De ahí que la vida sea superficial como la piel. De ahí que lo más hondo a lo pueda ascenderse sea el surco que deja la azada de memorias y agravios sobre la siembra breve y perecedera de la piel humana. De ahí que el Poeta Javier Vayá titulase su último poemario (¿aún no lo tienen?... sigue a la venta) Descendiendo a lo hondo.

No voy esta noche a regalarles ni un maldito poema de tan magna obra (prologa un tal Álex Portero, alquimista, por cierto... ¿tampoco les suena?, ¡qué perdidos les veo!). Decía que no quiero regalarles ni un sólo verso del poemario en cuestión. Ni quiero, ni me apetece, ni debo. Pasen por una puta librería... sí, esos lugares en que venden páginas encuadernadas con tinta libre de lugares de cuyo nombre no quiero acordarme (véase Don Quijote, en wikipedia) y de más de esos lugares comunes que nos hacen más acordes con el común de los mortales (véase bestseller, en su más amplia extensión, igualmente en wikipedia... falso y vacuo, pero limpio y rápido). Además, les aseguro, el precio es menor que el de un gin-tonic con orgasmos de enhebro... ¿o eran bayas, Vayá, hermano, tú que edificas las palabras? No sé, dudo de todo, hace tiempo decidí instalarme en la duda como refugio único y último, ustedes me sabrán disculpar.

A lo que iba... que muchos aún me preguntan por qué amo a Javier Vayá. La respuesta acertada es sencilla: pura vacuidad de saberme amigo de una de las mejores voces poéticas de estos tiempos que malvivimos. Pero, hoy, ahora, esta noche, diré que es porque Vayá, amén su poemario (a la venta, insisto), regala, demasiado a menudo, estremeciemientos de azufre envueltos en celofán de verso... como el que sigue


POESÍA URGENTE

"...porque no oculta
la desesperada distancia
que lo separa de la gente."
Sam Sheppard

Decidme pues
como puedo hacer de la poesía
algo urgente.
Yo que habito la desesperada distancia.
Ahora que los hombres son llamados a filas y fobias.
Ahora que las mujeres elogian la ablación de las sirenas.
Solo veo comprensión en los pies
que se balancean colgando de los puentes.
Solo veo hermanos en los ojos enajenados de los caballos.
Solo son mis hijos los hijos de perra.
Solo mis madres las zorras y rameras.
Yo que habito la desesperada distancia.
Decidme pues
como puedo hacer de la poesía
algo urgente.
Algo que lama un instante la espina dorsal
de los arrodillados.
Algo que endulce el vino robado en los urinarios
de los supermercados.
Algo que extirpe de raíz los penes en misión humanitaria
de los soldados.
Poesía urgente y airada rayo de tierra puntería certera
en la frente justo entre los ojos de los santos
de los corderos degollados y sus monturas de plata y oro
si ellos son los buenos nosotros los malos y locos.
Poesía urgente para que jamás se sientan a salvo
los poderosos machos
cada letra hormiga en su mugrienta boca
mordiendo la excrecencia de su legado.
Poesía urgente que porte el escalofrío último
hasta el más infecto cubil en el reverso del tiempo.
Que devore la palabra y escupa hasta sus cimientos
y se alce con ella todavía palpitando
como un corazón eviscerado
todavía caliente.
Decidme pues como puedo hacerlo;
poesía urgente que desaparezca de inmediato
que no deje rastro huella pistas
como el más hermoso y perfecto de los crímenes perfectos.
Sin refugio sin papeles negro en la orilla del gran blanco.
La posteridad es el onanismo del espectro.
Y yo tan solo habito la desesperada distancia.

 Javier Vayá

miércoles, 29 de marzo de 2017

poemas del asco infinito

a quien pueda interesar

tus noches eran días
de gloria, poder y siempre

soñabas alcanzar lo alto,
nada podría detenerte

a la cumbre, hacia arriba,
arriba España y,
de paso, 
tu perfil
y tu cuenta corriente,
aun a costa de pisar
cabezas, cuerpos
proletarios,
bobos,
serviles cráneos 
agujereados
por el tiro de gracia 
de tus mastines
amaestrados
arriba, arriba, alto,
más alto

y el día que conquistaste los cielos
resultó ser doloroso

tal vez comprendiste
que la vida está en la tierra
y el pan proletario,
bobo,
servil,
de aquel cuyo único cielo
es la mesa en que mañana
deba haber sopa
una pieza de fruta
tal vez pan
ojalá un filete

por eso vosotros, 
sí, los herederos,
deberíais pensar antes
de pisar la siguiente cabeza
proletaria,
boba,
servil,
con la única intención 
de alcanzar los cielos,
llegar alto,
y subir hasta la cima...
no vaya a ser que estéis
más cerca
de lo que nunca soñasteis 

nosotros,
los proletarios,
bobos,
serviles
ciudadanos,
no diremos nada,
tendremos la boca amordazada

pero la alegría
-como vuestras procesiones-
va por dentro,
y el salto... el vuestro
lo seguiremos aplaudiendo
con esa sonrisa
proletaria,
boba,
servil,
que tanto os divierte

mordaza diseñada para prácticas sadomasoquistas (cortesía de "la red")

miércoles, 25 de enero de 2017

ombligos literarios

Escribo de mí mismo porque no conozco mejor a ningún otro. No sé, puede ser una razón. Tal vez otra sea que escribo de mí mismo por el gusto de remojar mis pies cada día, cual gorrino satisfecho, en mi propio lodazal. Claro, que de satisfacción poca en mis letras... pero de aquellos lodos estos barros -o como sea que se diga-. De hecho, puedo ponerme social y estupendo. O sea, asegurar que que escribo de mí porque soy tan poco importante como el pensionista acuciado por el precio de la lechuga, el desempleado a cuya mesa se sientan los buitres del hoy ahora ya, el inmigrante de países y personas que se aferra a la vida aunque esta se disfrace de odio y concertina, el niño cuya frazada huele a factura eléctrica imposible... o aquel otro que no termina de comprender por qué ese cura tan simpático, profesor de religión, le acaricia cuando Dios ya no ilumina y la penumbra engulle la capilla... 

No sé, ya digo, por qué destrozo el vocabulario recorriendo la cartografía desastrosa de mi cuerpo, y pienso ahora -inevitable- que tal vez lo haga para mostrarlo atractivo a tus labios, qué sé yo. Al final, va a resultar que todo es cuestión de ombligo. Por eso de mirar el propio, lo digo. Y por eso otro de mirarte a ti perdiéndote en sus arrabales.

Dejo escrito Henry Miller algo así como que la vida de cualquier hombre es lo suficientemente apasionante como para poder ser escrita y devorada por millones de lectores. Y es así que sigo fiel a su palabra, único Evangelio al que me asomo con el ánimo de pervertirlo y desprestigiarlo. Por eso admiro a quienes son capaces de crear tremebundas ficciones pero, a medida que el reloj me recuerda el sentido inapelable de su recorrido, recuerdo que me importan -dichas ficciones- poco menos que nada. 

Así que entiendo la literatura como literatura del yo, cada vez con mayor intensidad. Pero jamás lo explicaré como hace quien ha hecho de su vida palabra y de su palabra vida. Hablo de Jorge Muzam... no lo han leído? Pues háganse un favor: lean y, de paso, comprendan por qué no sé escribir más que de mí mismo... que el Maestro lo explica mejor... y desaparece mejor que nadie:

Literatura del yo por Jorge Muzam

Habitualmente no me motiva escribir ficciones. Creo en su poder, creo en las técnicas literarias, en ciertas teorías que la sustentan. Pero para mi no pasan de ser mekanos narrativos, ajedrecismos retóricos o circos selectos de palabras camuflando ideas más cercanas a la intuición que al sistema. No siempre fue así. Mi entusiasmo literario juvenil se encauzó por ese lado con resultados no del todo desdeñables, a juzgar por los generosos comentarios de mis lectores de entonces. Recuerdo mi primer cuento. Sucedía en Santiago, a bordo de un bus Nuevo Amanecer. Lo pilotaba un vejete chiflado  y sudoroso bastante enojado con la vida. El relato era contemplativo, introspectivo, plagado de analepsis e inevitablemente triste. La soledad urbana suele ser más gélida para el alma que la soledad rural. Sentía afecto por ese cuento. No sé dónde quedó. Hoy no podría reconstruirlo porque necesitaría mi espíritu de esa edad, y la verdad es que soy muy distinto.
Escribir literatura autoreferencial me salió naturalmente, quizá porque me aburría el juego de disfraces de la ficción, el cambiar nombres, superponer situaciones, crear clímax (la vida nunca tiene un clímax sino reiteradas patadas en la bolas que te mantienen a medio morir saltando)
Nabokov decía que tales inclinaciones eran propias de la primera etapa de un escritor. Deslumbrar a los demás con la propia miseria. Luego el creador se estibaba hacia la sensatez y creaba un universo autónomo donde su yo convivía como uno más de los personajes de ese universo. No lo dijo exactamente así, pero así lo quise entender yo.
Lorena Ledesma, mi mujer, escritora y crítica literaria tan feroz como insobornable, considera a los autoreferenciales como el postre más selecto del voyeurismo intelectual. Porque no solo hablas de ti, de tu desastre mental, si no de quienes te rodean, de quienes te detestan, o te aman. Y seguramente tus apreciaciones serán tan horrorosamente subjetivas como sabrosas de leer.
En lo que narro no suele haber progresión dramática, enseñanzas moralizantes o ideas políticas categóricas. Más que avanzar suelo hundirme, más que levantar ánimos suelo deprimir a mis lectores. Y si algunos se sienten identificados es porque la época es una zorra de mil colas donde nadie sabe a qué diablos aferrarse. Mi realidad autoreferencial es apenas una parcialidad anímica. Un pedacito de la agria torta de mi miseria. Soy mucho peor y mucho mejor de lo que cuento. Rencoroso, pendenciero y abominable con el hijoputismo. Generoso, inofensivo y tierno con los que nunca dañarían a sus semejantes. Potencialmente muy peligroso, indisuadible, he sido mi Frankenstein, médico y monstruo, reconstruido con despojos, he cosido torpemente mis emociones con hilo barato, mis ideas con alambre galvanizado, pero no quiero hablar de eso ahora.
No sé exactamente adonde voy con este chisporroteo de palabras. Escribo por defecto, compulsivamente, airadamente. Soy consciente de que tal arbitrariedad narrativa me puede conducir a un limbo despoblado de lectores, algo parecido a lo que le ocurrió a Juan Emar y Mauricio Wacquez, extraordinarios escritores chilenos que caminaron siempre al borde del abismo de la experimentación. Sin embargo, a Foster Wallace, digresionista, payaso y cirujano del alma herida, parece no haberlo afectado. 
Respecto a qué tipo de realidad narramos, me quedo con las palabras del argentino Juan José Saer: "Nuestra percepción es fragmentaria. Simplemente realizamos una síntesis. Algunos la llaman racional, yo prefiero llamarla imaginaria , porque solo una parte es percepción, y la otra es recuerdo e imaginación. El realismo literario pretende que la realidad es perfectamente perceptible en su totalidad a través de los sentidos y de la razón; que el tiempo tiene una dirección determinada. Yo pienso que cuanto más realista es una literatura, menos se parece a la realidad. La más irrealista de todas es la novela realista y lineal".
Las formas para hablar de si mismo pueden ser múltiples. Diarios, memorias, autobiografías, frases sueltas, ficción pura, o especulativa. Mo Yan, Nothomb, Hrabal, a veces Auster, Murakami, Philip Roth y Karl Ove Knausgård suelen escribir autoreferencialmente. Mis admirados amigos Claudio Ferrufino-Coqueugniot, Miguel Sánchez-Ostiz, Ricardo Mena y Pablo Cerezal, mi compañero de fórmula, Claudio Rodríguez Morales, o ese sacerdote del cosmos que es Pablo Cingolani en las alturas de La Paz. También Carver, Bukowski, Bertoni y Rodrigo Lira a través de sus poemas. Con todos me siento hermanado. Es posible que hayan muchos otros tan buenos como ellos, y autoreferenciales, pero no es posible conocerlo todo. De alguna forma siempre se habla desde la ignorancia.
Hay casos como el de José Donoso en que para hablar de si mismo necesitó disfrazarse, construir un edificio narrativo de cimientos muy firmes para recién ahí prestarle su ropa y su ser a un personaje secundario, como sucedió en El lugar sin límites. Pero Donoso también llevó un diario secreto, guardado celosamente incluso de sus familiares, un diario con intenciones psicoanalíticas que no pensaba mostrar en vida. Pero como siempre estaba urgido por dinero, no tardó en venderlo a la universidad de Iowa. Parte de esos diarios fueron revisados por su hija Pilar para escribir Correr el tupido velo. Lo que se aprecia en esos diarios es al escritor desnudo, temeroso, egoísta, envidioso, homosexual, paranoico, errático, muy inseguro, aspectos que ocultó en su vida pública.
Hay otros que necesitaron una parafernalia mayor para desglosarse, como el enmascarado Fernando Pessoa, monstruo mitológico de 72 cabezas...
A García Márquez le preocupaba la sobreexposición. Convertir su vida privada en objeto de escrutinio público. En algún momento manifestó: "Es como si te pillaran con los pantalones abajo".
William Faulkner fue explícito al respecto, como queda consignado en el prólogo de sus Cartas Escogidas: «Estoy chapado a la antigua y soy además un tanto lunático —había escrito a Malcolm Cowley—. No me gusta que mi vida y mis asuntos privados puedan ser utilizados por todos aquellos que puedan pagar el precio que está marcado en el libro, o porque tienen un amigo que lo compró y se lo va a prestar». Y: «Mi ambición, como persona reservada que soy, es que me borren y echen de la historia, sin dejar rastro, sin más restos que los libros publicados; ojalá hace treinta años hubiese tenido suficiente perspicacia para prever lo que iba a ocurrir como algunos isabelinos, y no los hubiese firmado. Es mi propósito que, vencidos todos los esfuerzos, la esencia y la historia de mi vida, que en la frase equivalen a mis exequias y mi epitafio, sean ambas: Compuso libros y murió».
Julio Ramón Ribeyro, en cambio, escribió sus diarios con una intencionalidad claramente literaria. Hombre generoso, quiso que sus ideas estuvieran disponibles para los futuros aprendices de escritor, o para quien quisiese transitar por esas palabras cimentadas por una vida de duro trabajo. Si aun no podemos conocer por entero su obra es simplemente por el egoísmo especulativo de su viuda. 
Nubes negras avanzan hacia el sur. Esporádicos truenos retumban en las paredes rocosas del Malalcura. Llueve sin parar. Imagino la perplejidad de las plantas ante esta primavera desvanecida. Entre mis papeles viejos encuentro una frase de Pascal Quignard que me seduce como para finalizar este texto: "Escribir es desaparecer".

domingo, 11 de diciembre de 2016

despegamos...

Aún no ha pasado un año y parecen siglos de desventura este regresar a su perfil de mármol vivo, a su timbre de deflagración valiente, a su mirar de envés no solicitado y su pisar el planeta sabiendo que le pertenece, que aún le pertenece... este regresar a David Bowie. Porque, como habitantes de este planeta de rencores y desidias, le pertenecemos. Él se atrevió a vender el mundo, hace ya demasiado, y lo hizo con nosotros dentro. Ahora andan los mercaderes (cada vez con mayor intensidad) disputándose la carroña. Se disfrazan de benefactores, luchadores sociales y adalides de la ecología, de amigos incluso. Pero ya no nos engañan. Las cartas están marcadas.

Aún no ha pasado un año y recordamos que él nos enseñó a amar sin esperar retorno. Antes incluso de que nos diese alcance la paternidad, esa sí, la única transacción válida, la que está llamada a cambiar el mundo. Y es que si sabemos ser padres de nuestros hijos como él, sin siquiera desearlo, lo fue de nosotros, llegará la revolución. Aunque retrasada -como todas-, llegará. Lástima que ya no estará entre nosotros, y los hijos que amamos no podrán hacer guirnaldas de victoria con su sonrisa de fauno melódico y travieso.

Un año casi, también, desde aquel día en que unos cuantos afortunados pudimos disfrutar de la valentía artística y personal de Fernando Bazán, Charly Chicago y Carlos Ann, artistas por elección, por necesidad. Por imposición divina, o sea. Porque si hay dios que pueda imponer algo, sea el que anida en el interior de aquellos que se incineran buscando, en la vida, la belleza. Canciones, tragos, abrazos acumulados: una semilla de amor entrelazando la noche... y Bowie como sumo sacerdote, oficiando la misa negra de nuestro daño por su pérdida. Un daño que, a pesar de todo, danza y se viste de música... de emoción. Ahí, aquella noche, nació LIFT OFF y algunos renacimos a la vida y el amor. También a la amistad que, cuando verdadera, es lo mismo que lo otro, pero mejor (que para el amor uno ya se sirve solo, llegado a ciertas edades). 

2016 ha sido, sin duda, el más nefasto año de los que llevo vividos. Me quedan más, y acojona, no lo niego. Pero ahora es hoy y es presente y duele, y 2016 (decía) ha sido el año más jodido de mi jodida existencia. Afortunadamente, hay quien desea cauterizar, cicatrizar heridas con fogatas de abrazo y zurcidos de amor. Los chicos de La Galla Ciencia, esos alienígenas. Jóvenes que luchan a brazo partido por la Poesía, a quienes no amedrentan las leyes del mercado, que boxean en cualquier cuadrilátero en que no haya más knock out que el de la palabra bien dicha y mejor sentida, que hacen de la lírica emoción y de sus emociones pura lírica. Ellos llevan ya unos años regalando prodigios a todo aquel que sigue buscando fulgor en la página impresa, y sólo ellos podían emprender este colosal homenaje a Bowie que hoy, por fin, ha llegado a mis manos y corre el riesgo de perder su tinta en los meandros que dibujan mis lacrimales. Hoy estoy llorando, de nuevo, desordenando con mi llanto la aritmética fugaz y exacta de este año maldito... pero en esta ocasión mi vida es lágrima por sentir que roza, con manos y latido, la Belleza.

Ya dejé dicho, tras publicar Madrid-Cochabamba, que escribir aquel libro a cuatro manos fue una de las más deliciosas experiencias que tuve la suerte de gozar. Conocer a Claudio Ferrufino-Coqueugniot, dejar que su prosa excelsa envenenase los balbuceos de mis párrafos, que sus emociones anidasen en mis desvaríos... puro delirio esto de la coautoría, oigan (aquí, en esta frase, incluso en la posterior, se cuela de alguna manera otro coautor de este LIFT OFF que nos ocupa, y de mis emociones, Emilio Losada, él bien sabe). La chispa de aquel incendio fue el extinguirse en cenizas la vida de Lou Reed, el bardo de Nueva York, aquel otro demiurgo cuyos brazos acunaron el abrazo de melodía perpetua de Bowie. Hoy colaboro en este homenaje al Hombre de las Estrellas con titanes del verso, el párrafo y la melodía. Vuelvo a sentirme vivo, bien alimentado (que uno pretende aún alimentarse de sus letras, sí, pero que hay otro alimento que se impone más preciso, y es el del abrazo y la cercanía, el del cariño certero y el amor sin cara oculta de luna falaz). Que otros se vanaglorien de sus obras redondas, sus poemarios perfectos. Un servidor, si de algo ha de sentirse orgulloso, es de esta reunión de abrazos huérfanos en que hemos naufragado, un buen puñado de creadores, para llorar con alegría al Duque Blanco. De eso, y de poder conocer a estos lunáticos sin cara oculta que desnudan, con cada uno de sus nuevos proyectos, la Belleza más inmediata. Amigos de La Galla Ciencia: gracias por hacerme hueco en esta nave de emoción y papel que hoy despega...

No quería extenderme pero... pido disculpas, soy pecador reincidente y el exceso es crimen que no logro eludir. Así que mejor lo dejo aquí. Valgan las imágenes que ilustran este torpe texto. Valga el continente y, si aman a Bowie, si aman la música y la Poesía, háganme caso y no eviten sumergirse en el contenido.

Hace casi un año que todo finalizaba. Hoy hemos descubierto que sólo era un nuevo inicio. Hacia él despegamos.



lunes, 12 de septiembre de 2016

... y tu mirada

La vida nos regala ocasiones, cruces de camino en que tropiezan los pasos perdidos de las personas que, sin saberlo, hacían guarida en nuestro latido, siglos antes... 

en uno de esos cruces de camino tropecé con el Alquimista de La Mirada, el Gran Sergio Ribero, fotógrafo y hermano, quechua de cuna e hindú de adopción, amigo de trago y luz, aborígen de abrazo y vida, terrorista de la imagen, el sentido y... sí, claro, la sensibilidad... 

hace ya un buen puñado de días me regaló este pedazo de vida al que no sé poner palabras... espero que puedan servir estas que, de paso, son adelanto de mi próxima publicación: Breve Historia del Circo...

de mi publicación seguiré informando, hasta la saciedad, y pido disculpas de antemano... la mirada de Sergio es más limpia que mis versos, y su Poesía más digna de tal nombre... os invito a que os asoméis a ella: nunca el parpadeo de un obturador contuvo en su interior tantos milagros...

salud!



dicen que hay que ser cauteloso
con lo que decimos a los niños
(no vaya a ser que registren
nuestros reflejos erróneos)

ignoramos que somos nosotros
los que deberíamos
andar con ojo
a lo que el ojo del niño agranda,
magnifica,
y transforma en ley de vida

© Sergio Ribero

jueves, 21 de julio de 2016

aullando con Allen Ginsberg




he visto las mejores mentes de mi generación destruidas, despedazadas, desperdiciadas por la obtusa quimera de un puñado de monedas que, suponían, les sacarían del agujero por cuyas paredes, a cada momento, más raudos resbalan, para mejor olvidar la escasa belleza que un día portaron sus genes

quienes, cuando niños, jugaban a los autos de choque del inconformismo, pasean ya sus grises trajes de oficinista en el incendio inverso del Metro, antes de colocarse el ambidiestro yugo del monetarismo social

quienes se proclamaron comandantes de las revoluciones del espíritu y los seísmos de la conciencia, muestran los agrietados surcos de una edad que llega antes de tiempo

quienes masticaron una adolescencia de suburbio, pasión e incertidumbre, se encomiendan cada noche a plegarias imberbes, en la lubricidad mentirosa del matrimonio, y luchan por no errar el camino marcado por el rebaño que conduce a la ausencia de identidad, el clarear de las neuronas, y el mimetismo de la piel con el neutro asfalto que pisotean las ruedas de los utilitarios de lujo de los que gustan en llamar poderosos

quienes retozaron a la sombra insolente de las páginas subversivas, han olvidado en la cuneta de la existencia sus sueños, cediendo el paso al brioso jamelgo de la uniformidad y, abandonando sus escritos juveniles en los vertederos del arte, en las alcantarillas de la belleza, suplican, el picotazo de la droga que les haga olvidar que ellos, al nacer, creían ser distintos del resto

quienes afilaban cuchillos de lucidez en los efervescentes renglones torcidos del blues, han disuelto su nervio eléctrico en el pantanoso brebaje de melodías de feria que con necio estribillo empequeñecen sus pupilas hasta que estas reflejan la nada más tremebunda

quienes engrasaban su lengua en solidaridades, fraternidades, justicias, revueltas, afirman que repetían frases aprendidas cuyo sentido se pierde en el sumidero de la farsa, al calor de licores de brutal gradación, calidad y precio, al albur de espesuras engendradas en la buena hierba que no pueden sufragarse los apestados que ellos mismos, algún día, juraron ser

quienes deseaban enhebrar sensaciones en las pupilas de los desfavorecidos, caminan lanzando, de tanto en tanto, monedas como proyectiles al regazo de los miserables que la sociedad decidió extirpar, cual tumores, de su organismo, y aún proclaman en alta voz lo doloroso que les resulta contemplar tamaña pobreza, semejante miseria, lo mucho que ayudarían, de poder, a segregar el hambre del estómago de los desheredados

quienes proclamaban a los cuatro vientos la igualdad del ser humano, apagan los incendios de su mente a la mesa de restaurantes exóticos vegetarianos japoneses macrobióticos, o en aviones que recorren geografías a la velocidad del turoperador y el despilfarro, o frente a las 50 pulgadas de televisores aletargados, o al accionar el botón que inicia el software que redecora la instantánea hueca con que pretenden socializar el arte y regalar su creativa grandeza a los miserables que se sujetan a la barra de bar de la ignorancia

quienes despedazaban sus puños contra la pared del totalitarismo, hieren verbal y físicamente a todo el que pueda llegar a arañar alguna triste migaja de su banquete de orden, limpieza, uniformidad y comida tres veces por día, con la todopoderosa excusa de cuidar de su prole, sus retoños, esa remilgada jauría que mañana arrancará de cuajo la mano que les da de comer

quienes subvertían el orden establecido en coloquios de guerrilla, patalean sus tan cacareados ideales, cual guiñapos, arrumbados por los cordajes que unen sus miembros a los del titiritero de camisa de marca made in Indonesia, corbata de lazada gruesa a tono con los tiempos, y perfume de cobaya disecada en esencia de sutil a vainilla que marca el ritmo del baile de moda en la verbena de las vanidades

he visto las mejores mentes de mi generación perdidas, chapoteando el subsuelo mentiroso de una vida mejor que no era la suya, y alzo mi copa vacía, la acerco a mis labios, la mastico, brindando por ellos con mi sangre paria y deseando que abandonen, al menos, la pretensión drogadicta de que su sueño ácido sea compartido por el resto de los mortales

miércoles, 29 de junio de 2016

poemas de la cicatriz (3)

Hay quien dice que el mundo termina hoy. Hay quien asegura que lo dice la boca embalsamada en saliva de un loco. Hay quien ve caminos en la niebla. Hay quien, en la niebla, ve acercarse el infierno. Hay quien vive y hay quien muere. Hay quien nunca quiso estar vivo lejos de tus labios... gracias, eternas, al Gran Sergio Ribero, por atreverse a mirar el vacío para recomponer el espanto.


el mundo ha finalizado suspirando el suspiro azul  de tus más azules párpados
esos que te lastimaban cuando se hacía pentagrama azul, en tu pubis,
la inconstancia del mío
también mis arritmias, mis besos tartamudos, y la celeste, lastimosa
procacidad de mi alma

en ti se extirpaba... en ti se vertía

hoy, a ti, lo lamento,  te reclama

el infierno me congrega, vistiendo disfraz de nervio, máscara de aguacero
y el perfil pérfido de tus labios al quebrar, inconscientes, el espejo de mi infamia

el infierno son los otros, decía uno que no te conocía

no pudo... afortunado, y es por eso que hoy... le bendigo 

porque el infierno es tu ausencia, y la ausencia que en mí coloreas
con sedas de trampa y cartón
a la orilla de una sociedad 
que ya no encuentra riberas 
en que acunar la sed
que le provoca tu ausencia

miércoles, 1 de junio de 2016

poemas de la cicatriz (2)



tus cabellos peinaban nubes
contra el espejo del lago

tu sonrisa mascullaba luces
haciendo eco al silencio

tus caderas quebraban cipreses
que aunaban rumor de muertos

el viejo embarcadero 
del Lago di Como:

invitando a derrotar relojes
contra los que golpeaba
la piedra de tu mirada

silenciosa, lenta, callada y
con una obturación de beso
revelando mis pupilas

pero una novela de adiós
escribiéndote los párpados

hoy ya puedes regresar a Como
sin perder tus pasos en los míos

hoy ya puedes mostrar tu rostro
sin la máscara de mi hastío

hoy ya puedes regresar a Como
porque hoy yo ya no existo